jueves, 10 de mayo de 2018

Antonio Machado

No recuerdo bien si eran cables rojos o vísceras lo que nos ataba. Un laberinto de carne dura y dunas que levantaban tus costillas flotaban en la densidad y el color del licor de granadina. Suave como despertar tras un coma, tras ese sencillo susurro de aire que precede al intercambio de saliva viscosa y dulce de un caracol en celo.
No recuerdo bien cuándo fundiste los plomos de aquella avenida, no recuerdo cómo, sin levantar cabeza, dibujaste en el cielo tallos germinando a la velocidad de fuegos artificiales. 

(El proceso de escritura puede darse de miles de maneras, por ciencia infusa, por vivencias bien o mal filtradas a la taza de café, tras un largo, o no, proceso de lectura y aprendizaje... Yo bebo y fumo hasta que algo sale)*.

No recuerdo cuándo escribí esto, cuándo te conocí y si te conocí pero todo apunta a que la respuesta es ahora.

Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. 


*Parón en el proceso creativo debido a la falta de ideas y/o la imposibilidad de alcanzar un estado alterado de conciencia. Otro cigarrillo y un nuevo trago.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Lluvia

Hace poco leí algo así como "No hay que sentirse vivo, sino humano".
Iván Ferreiro dice que en la tristeza hay belleza. Creo que piensa que no hay nada de malo en estar triste, que no debemos aplacar ese sentimiento, tan natural como la felicidad.
Podemos volver a ese "Es mejor haber amado..." del poeta inglés Alfred Tennyson (no sabía quién lo dijo, lo he buscado en Internet).
Es mejor haber sido humano que no un mero pasajero de la vida. Es mejor tener grietas, ser imperfecto.

Lou Reed se mezcla con el sonido de la lluvia rompiendo en las ventanas, algunas gotas de agua se cuelan curiosas en casa y me preguntan qué me pasa. Intento sentirme humano, pero cuanto más humano me siento, menos vivo estoy. 

Existe una felicidad vegetativa en las canciones tristes. Una luz latente que asoma con determinados acordes y voces. La ansiedad, los trastornos obsesivos compulsivos, el recuerdo envuelto en óxido debajo de las uñas, la suave sensación del dolor inyectado y su incorporación a la corriente sanguínea. Es entonces cuando la respiración se ralentiza, cuando podemos ver cómo nacen y se marchitan las hojas fotograma a fotograma, cómo rompen kamikazes contra el cristal las balas, cómo el tiempo se pasa y cómo pasamos  pasajeros infelizmente felices por esta acera encharcada de vida.

jueves, 8 de marzo de 2018

Ellas

¿Y si fuera así siempre?

Libros sin musas.
Calderos sin brujas.
Hijos sin madres.
Vacías las calles.

Quizás merecemos

hojas en blanco,
pociones inocuas,
hijos con hambre
y calles desiertas.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Idealizar

De ideal e -izar.

1. tr. Elevar las cosas sobre la realidad sensible por medio de la inteligencia o la fantasía.

(Generalmente la gente idealiza antes de conocer realmente el contenido de la persona)

Me pregunto si algún día podré idealizarte habiéndote conocido ya.
Si seguirás siendo para mí como lo eras cuando te idealizaba antes de abrir el diccionario y buscar tu nombre.

Supongo que la decisión no es tuya ni mía. Me temo que sólo nos juzgará el tiempo y su balanza en la que, al menos, tú y yo ponemos el peso de nuestro pensamiento. 

Y me pregunto en qué piensas ahora. 
Y me pregunto en quién pienso ahora.



lunes, 12 de febrero de 2018

No sé

No consigo encontrar la tormenta perfecta ni el ojo del huracán, 
ni la senda a tu secta ni las pistas que dejas tras tus pasos de alquitrán.

jueves, 25 de enero de 2018

Algo se nos está pasando (inyectado de cafeína)

Inyectado de cafeína meditaba acerca del futuro. De cómo, con el paso del tiempo, unos se vuelven más comprensivos y otros más testarudos.
El tiempo, la oxidación de sus células, era el único elemento que transportaba con éxito sus ideas de un extremo a otro, siempre con esa paciente comprensión que sólo él ofrece, sin esperar nada a cambio.

Salvo nuestro propio tiempo.

A ese reloj de arena le quedaban ya pocas playas.

Era una mañana casi abierta, el pulso del barrio comenzaba a bombear con ritmo los quehaceres de sus glóbulos rojos.
Es una pena que se nos pasen tantos detalles. 
La terraza de la plaza era un desierto de palmeras de tela, solamente salvaba esa constante de tempo exacto aquel oasis con forma femenina y zumo de naranja.
El mendigo de la calle pez, vecino recién llegado, buscaba nada y contaba los pasos restantes cabizbajo hacia cualquier mirada cómplice que le alimentara con una conversación que nunca llegaba.

Se nos está olvidando dar de comer al corazón.
Tenemos el estómago demasiado lleno haciendo la digestión.

Inyectado de cafeína, caminaba por la calle buscando un detalle que le trajera el mar a Madrid. Buscaba una mirada que nadie le regalaba.

Porque una mirada con marea no se encuentra en cualquier playa.

miércoles, 17 de enero de 2018

El tiempo y lo importate

A veces es necesario escuchar ese impasse que acaricia la aguja entre canción y canción. Es como escuchar el silencio de un surco sordo al que nadie ha regalado una cuerda vocal. Es como mirar sin hablar. Monotonía aparente que se repite siempre tras los mismos vidrios. Entre canción y canción conquistamos el mundo, allí abajo, en la cola del supermercado, cuando nos cruzamos de madrugada camino al trabajo, en la barra del bar y en el autobús. 
¿Escuchas cómo suena mi piel de plástico sobre la aguja de tu mirada? 
Soy música.